Un icono es un retrato espiritual que transmite un profundo sentido de misterio especialmente a través del uso de símbolos. Los íconos ricos en colores y hechos de materiales espléndidos, fueron diseñados para ilustrar eventos de especial importancia en la vida de los santos. Los iconos eran más estilizados y simbólicos que realistas. Al aprender de estas historias e ilustraciones, las personas se inspiraron en los santos a quienes veneraban y se esforzaban por imitar en sus propias vidas. Durante la pandemia, el Hno. Denis Gleeson, miembro de la provincia de Europa, escribió un nuevo icono del Beato Edmundo. A continuación, el significado y relevancia de esta imagen.
La mirada de un ser querido hace que el corazón se eleve y nos regala una memoria de por vida.
Recordamos esas miradas. Los recordamos con frecuencia y nos nutren cuando nuestro espíritu es débil.
Hay tanto que se puede comunicar de un vistazo. Una mirada es momentánea, mientras que una mirada trasciende toda medida del tiempo. Una mirada dulce sostiene los ojos del amado y en sus ojos un atisbo del alma es atrapó. También lo es cuando nos tomamos nuestro tiempo para contemplar un icono. Primero nos fijamos en los detalles y luego dejamos que nuestros ojos descansen suavemente. Mientras los ojos descansan, la aparente división entre las realidades físicas y espirituales se disuelve. Sin esfuerzo, atravesamos las aguas que separan la presencia de la Presencia.
Nos invita a la transformación interior, ya que nuestra mirada es devuelta.
Nosotros los que miramos encontramos a nosotros mismos mirándonos. Y cuando nuestra mirada consciente se encuentra con la mirada otorgada, nos abrimos al cambio.
Si somos pacientes y podemos sentarnos, cerraremos los ojos y la mirada se vuelve hacia adentro. Nos damos cuenta de que la Presencia es una Presencia que mora en nosotros. Este es un momento de centrarse, un momento de contemplación. El tiempo se evapora y se vuelve irrelevante. El ego está silenciado y, por un tiempo, descansa. Experimentamos la realidad.
A través de ti, respondió a las grandes necesidades de su tiempo y ofreció esperanza a los que les habían quitado la esperanza y la dignidad.
Lloró con los que lloraban. No retuvo nada.
Dio a los necesitados en puñados. Puso su confianza solo en Dios que provee.
Espíritu Santo, que nuestros corazones ardan con la misma llama que encendiste en el corazón de Edmundo.
Que también nos gastemos en la compasión y en la causa de la paz, de justicia y de reconciliación.
Que nuestra generosidad no conozca límites y que nuestra confianza en la Fuente de Todo Ser nunca flaquee.
Te lo pedimos por intercesión del Beato.
Edmundo y de Jesucristo, el Verbo Eterno. Amén.
Nos sostienen cuando nuestras fuerzas están menguando. Cuando dudamos de nosotros mismos, ellos tranquilizarnos.
Los apreciamos en los momentos de ocio mientras elevan nuestro corazón.
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